Ana María VALLEJO
La película toma su nombre la de famosa ciudad en la que según el Génesis se intentó de construir una torre que llegara hasta el cielo. Yahveh, para evitar el éxito de la empresa, hizo que los constructores empezasen a hablar distintas lenguas para impedir la comunicación, y por tanto la coordinación…
Babel, ahora hablando de la película, retoma el concepto contándonos tres historias completamente distintas en tres rincones completamentes distintos del planeta, pero que están igual de relacionadas.
La moraleja de la película es que, a pasear de la gran capacidad que hoy día permite al ser humano conectar distintos puntos del planeta, no nos ha despojado de esa dificultad que tenemos a la hora de comunicarnos y entendernos con un entorno que nos resulta “distinto” . Desde la chica sordomuda hasta los hijos de los turistas américanos o estos mismos se enfrentan a su imposibilidad de comprender lo que nos rodea, a pesar de que hoy todo esta más cerca que nunca y de que poseemos más información a nuestro alcance que en cualquier época pasada.
Otra cinta “autóctona” que hace una divertida parodia de la globalización es ”La gran final“, y es del mismo año que Babel. Vuelve a consistir en tres historias paralelas que se desarrollan en tres puntos remotos del planeta: El Sahara, Mongolia, y la selva brasileña. En esta ocasión no son las armas las que unen las vidas de los personajes, sino el fútbol.
Lo cierTo es que son multitud de cintas a través de las cuales los directores han querido plasmar sus ideas de la globalización. Pero esta se demuestra en el cine además con una especie de estereotipación de unos modelos de vida occidentales. Para muchos este es un hecho que atenta contra la riqueza del cine, y muchos consideran que industrias como la de Hollywood son las principales precursoras de este fenómeno.
